«In memoriam» de Julio Plágaro


Se nos murió Julio.
Lo hizo como era su estilo, sin quejarse. Sin trasladar sus sufrimientos a nadie de los que le rodeaba y cuidaba. Sabiendo, en toda su lucidez, que en esta ocasión no había retorno. Me lo dijo con total naturalidad unos días antes de su muerte.

Estábamos acostumbrados a que saliera victorioso de las operaciones quirúrgicas a las que ha estado sometido durante gran parte de su vida. Cuando lo volvíamos a recuperar nos daba la sensación de que había estado de vacaciones porque nunca se quejaba ni hablaba de su estancia en el hospital y tras los saludos y el abrazo nos preguntaba por nuestra salud o la de algún familiar. Se preocupaba más por los demás que por sus propias dolencias.

Poco a poco las operaciones fueron mermando su capacidad de movimientos y movilidad, pero él nunca se arrinconó y afrontó uno a uno los retos que se le iban presentando. Se tomaba a broma muchas de sus limitaciones para evitarnos, a los demás, cualquier sentimiento de piedad.

Pero ninguna de sus limitaciones físicas le impidió ejercer una rica actividad intelectual. Ingeniero Electrónico. Hasta hace poco estuvo escribiendo y colaborando en la revista de Autores Científico – Técnicos y Académicos (ACTA). Es autor del Glosario Trilingüe de Términos Científicos publicado por esta entidad.

Era un gran lector y pertenecía al Club de Lectura de la Biblioteca de Colmenarejo. Fue co-fundador de la Asociación “Mayores por la Cultura” y participada activamente en sus actividades.
Fue un hombre de pensamiento avanzado y reivindicativo. Su compromiso por eliminar barreras arquitectónicas a las personas con alguna discapacidad fue permanente. Todas las corporaciones han recibido múltiples quejas y denuncias del lamentable estado de aceras, jardines, señalizaciones, espacios públicos y las dificultades, muchas insalvables que suponen para las personas con discapacidad. Les facilitaba las evidencias fotográficas en un soporte que contenía más de quinientas fotografías. Ante la dejación de nuestras autoridades locales tenía pensado promover una manifestación, en sillas de ruedas, en la Plaza de la Constitución con asociaciones de coji-mancos y hacer un recorrido por Colmenarejo para denunciar el olvido hacia las personas con discapacidad.

Dado que esta corporación es reciente, le recojo el testigo y presentaré esas fotos al Equipo de Gobierno para que empiece a trabajar en la solución de estos problemas de movilidad.
Estaba preocupado por el medio ambiente, por los emigrantes, por el derecho a una muerte digna, por las pensiones, por la atención a los más desfavorecidos.

Julio fue una persona extraordinaria, cercana con todos, despreocupado de sí mismo y preocupado de los demás, irónico, gracioso e inteligente. Pero sobretodo fue un héroe que nos ha dado ejemplo de cómo supervivir y amar la vida. De cómo implicarse en querer solucionar los problemas que tiene a su alrededor y de enfrentarse a la muerte con una lucidez y valentía que me conmueve y admira.

Ese era Julio, según yo le he conocido.

 

Aún, cuando él ya conocía la cercanía de la muerte, me envío un chiste de vascos en el que –con ocasión de la reunión de los dirigentes de los principales países, en Biarritz- un pelotari acertaba a incrustarle a Trump una pelota en la boca, dejándolo sin poder hablar.

Humor y compromiso hasta el final.

Te he compuesto estos versos sin más pretensión que descargar mis emociones:

Compañero de chistes y poesía
de libros, de risas y de llantos
de compromisos cargados de utopía
de imaginar el cielo sin los santos

El hueco que nos dejas en la herida
por tu ausencia temprana, el arrebato
de la muerte implacable, que la vida
de héroe que te quitan
para mí la reclamo en alegato.

¡Cuánto aprendí de ti!
¡Cuantos valores dejaste en mi mochila!
Añoraré tu ausencia, día a día
Y apuraré el dolor que en gotas ya destila

Mi compañero: Julio.
Mi alma olvidadiza, no te olvida.

Colmenarejo, 11 de octubre de 2019.

Antonio Sanchez