Miguel Villegas, falleció el pasado 9 de noviembre. Nos deja su relato “Refugiado, o evacuado, en Madrid” y una gran tristeza por su pérdida.


Miguel Villegas, fué un periodista bragado y que no renunció nunca a sus principios.

Le conocí hace unos años cuando, en su silla de ruedas mecanizada, se interesaba por lo que pasaba a su alrededor y charlaba animadamene en la Plaza con sus convecinos. Sus limitaciones propias de movilidad -y las que le añadía nuestro pueblo con sus obstaculos- , nunca fueron barrera para tratar de estar al dia en los acontecimientos de Colmenarejo. Los comentaba y -en muchas ocasiones- los criticaba. Reinvindicó hasta la saciedad su derecho a la accesibilidad a los edificios e instalaciones públicos sin que fuera escuchado.

Se implicó con valentía en comentar todos los temas de actualidad politica y social con la agudeza a la que solo una persona con su experiencia periodistica y su sensibilidad social es capaz de llegar.

Hace un par de semanas, autorizó a “Mayores por la Cultura” a publicar el relato “Refugiado, o evacuado, en Madrid” que presentó al “Concurso de Relatos, del Ayuntamiento de Colmenarejo”. Me hubiera gustado que lo hubiera visto publicado. Su muerte inesperada y súbita me ha dejado -dos dias antes estaba publicando en facebook- sin un amigo y sin un interlocutor al que consultaba y contrastaba mis posiciones politicas y de valores y que -sabía- nunca me defraudaría, porque por encima de todo, era una persona con unos principios asentados en una ética humanistica y de compromiso social.

¡Amigo !, descansa en paz. Esperamos no defraudarte. Un abrazo, para siempre.

Antonio Sanchez.

Un relato sobre sus recuerdos en la Guerra Civil. Así nos introduce en el emotivo y valiente relato.

“ Escribir, o contar, sobre la Guerra Civil pasa ahora a ser “el cuento del abuelo”, en el tiempo en que ya no quedan abuelos con algo que contar, y casi nada para contar. Pero una historia de las memorias de un bebé podría incitar a prestarle algo de atención. Aunque muy conocidas son las dudas existentes sobre la edad en que la memoria comienza a archivar los recuerdos, y si la huella de las vivencias de un niño persiste hasta su vejez, o quizás aparece de súbito, misteriosamente, cuando menos se espera su revelación. Estos son los recuerdos nebulosos de un niño, entre dos y cinco años, que vivió en Madrid, en aquella época , narrados cuando ya no existe nadie que pueda refrescar su memoria, los recuerdos de un niño refugiado, o evacuado, como también se decía en aquellos tiempos.

La primera casa que recuerdo todavía existe en la calle de Altamirano, número 3, era una casa, moderna entonces, y que tiene un muy buen aspecto en la actualidad, como si fuera de construcción más reciente. Con dos años de edad, acompañando a mi madre y a una hermana menor, salí de aquella después del suceso más transcendental de mi vida. Mi padre fue denunciado por el portero, y detenido por un grupo del sindicato de porteros. Estuvo encerrado en la “cheka” de Bellas Artes, y fusilado un mes después.

Ya en noviembre de 1936, cuando arreciaba el asedio de Madrid por el ejército rebelde, y la defensa heroica del gobierno republicano, la calle había quedado en plena zona de guerra, batida por la artillería franquista. Casas hundidas, parapetos, barro, escombros… nadie podía vivir allí. Esa situación provocó el peregrinaje como evacuados, y abandonamos una casa que iba hacia la ruina, escombros y cristales rotos, como todas las de alrededor, puertas y ventanas vacías como cuencas de unos ojos sin vida, como bocas desdentadas sin ninguna utilidad.”

Puedes descargar el relato desde aquí: Refugiado o evacuado en Madrid Villegas

 

 

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